La metáfora de la organización feudal

Cualquier organización, pequeña o grande, debe tener unos valores y unos conceptos, unas reglas y unos procesos, escritos o no, conocidos y aceptados por todos sus miembros.

Cuando una organización es pequeña es fácil que estos elementos sean accesibles a todos. Aunque no se hayan reflejado en ningún documento son de dominio público y es sencillo para cualquiera de la organización estar al tanto de la forma que se tiene de entender las cosas.
Pero hoy vivimos arrebatados por el cambio, la organización tendrá que crecer o transformarse y se necesitarán “leyes” adaptadas a su tamaño o a su nueva situación y probablemente nuevos mecanismos que garanticen que estas sigan siendo conocidas y respetadas. Los cambios pueden fracasar por muchas razones: una de ellas porque se pierda ese espacio público, ese lenguaje común, las “leyes” compartidas por todos.
Esas “leyes” pueden acabar ignorándose porque no se es capaz de reaccionar de otra manera a los acontecimientos, la velocidad lo es todo y se pasa a vivir al día con una visión a corto plazo. La organización puede terminar fracturándose y perdiendo su vitalidad, puede terminar siendo una organización feudal en una especie de medioevo resultado de la decadencia.
  • Sin referencias comunes y bien definidas los individuos se acobardan y surgen miedos e inseguridades ante los retos.
  • La organización se divide en feudos, con sus señores y sus servidumbres, señores que pueden estar tan enfrentados que solo cooperen cuando un cargo de rango superior, un “rey” o similar, les obliga a ello.
  • Al igual que el comercio era díficil y peligroso en la edad media, las comunicaciones entre los distintos grupos o departamentos suponen un esfuerzo, un riesgo y un desgaste para quien las lleva a cabo.
  • Aparecen las mafias y las amenazas.
Los valores y los conceptos, las reglas y los procesos tienen un valor extraordinario en cualquier asociación de personas con un objetivo. Sin embargo, damos muy poco valor a difundirlos, a cuidarlos manteniendolos sencillos y eficaces, y a garantizar que son conocidos y seguidos.

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