Las organizaciones enjambre

Hoy surgen organizaciones que antes eran impensables. Estan apareciendo porque, cada vez más, los productos por los que pagamos y la materia prima con la que trabajamos son intangibles, y porque existe una red cada vez más ubicua que permite el acceso de todos a esa información de una forma muy sencilla. Antes no eran posibles movimientos como el que desarrolló Linux, un producto libre y de código abierto, u organizaciones como Anonymous. Todas ellas son asociaciones donde enormes cantidades de voluntarios, dispersos y con una estructura mínima, consiguen resultados que hasta no hace mucho solo lograban organizaciones con una burocracia y una jerarquía complejas.

Me pregunto hasta qué punto la cultura y las técnicas que usan este tipo de nuevas organizaciones son trasladables a otras más tradicionales. ¿Hasta qué punto una empresa puede aprender de estas experiencias? Yo creo que todos tenemos mucho que aprender y que descubrir, el mundo en el que vivían nuestros padres está desapareciendo y las reglas del juego dentro de las organizaciones se están volviendo a reescribir.

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El futuro es friki y poco sexy

Dentro del debate acerca de como será el mercado de trabajo en el futuro, leía un post el otro día que decía que al contrario de lo que se lee tanto hoy en día ese mundo no será uno glamuroso de artesanos y de gremios, en la que la mayor parte de nosotros trabajaremos en trabajos mas o menos creativos, los únicos no automatizables por las máquinas. La situación será bastante diferente. Lo glamuroso será como siempre escaso y las máquinas podrán menos de lo que se supone.

Dentro de 20 o 30 años las máquinas habrán automatizado muchas mas tareas, pero seguirán necesitando a las personas para realizar su trabajo. En las economias avanzadas la mayor parte del empleo consistirá fundamentalmente en adaptar la realidad para que ellas puedan realizar sus tareas, en resolver las incidencias que hayan podido provocar y completar el trabajo que no hayan podido realizar.

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Mis datos en las nubes

A veces me sorprendo de hasta que punto nos hemos habituado a ceder nuestra información a otros incluso cuando no es necesario.

La razón por la que empecé a usar servicios como Google Reader o el panel de iGoogle era la misma por la que leía el correo electrónico por la web: poder acceder a esta info desde cualquier lado. Mi portátil no era precisamente móvil y con estos servicios, que todavía no sabían que estaban en un lugar llamado nube, podía trabajar de la misma manera desde cualquier sitio, usando un sencillo navegador y sin tener que instalar nada.

Hoy en día usamos todo tipo de servicios sin preguntarnos porqué tenemos que estar dando gratuitamente los datos acerca de nuestro trabajo, nuestros gustos, y nuestra actividad a empresas que en ocasiones solo piensan en explotarlos sin escrúpulos.

Seguro que no es el caso de esta empresa, pero da lo mismo: hace un par de semanas estaba pensando en cambiar mi aplicación de gestión de tareas en mi móvil, Gtasks, por Wunderlist (hay mucho bla, bla, bla sobre ella y quería probarla)… que rápido pasa uno de un servicio a otro… pero ¡vaya! ¿porqué lo hago si ahora las tareas ya viajan conmigo a todas partes en mi móvil? Para acceder a mi lista de tareas no necesito ningún servicio, la lista va conmigo a todas partes, ahora mi móvil es un portátil…

Pero no, hacemos uso del servicio, hacemos de beta-tester de la aplicación y nos tragamos todos los fallos de sincronización que sean necesarios :-). Hay servicios, como las redes sociales, para los que necesitamos de nube centralizada, pero es que ya no nos planteamos otra opción ni siquiera cuando existe.

Creo que la privacidad sigue siendo tan importante como siempre. Ser transparente y abierto no significa tener que perderla. Quizá deberíamos pensar donde nos estamos metiendo sobre todo cuando saltan noticias en plan Big Brother como en el caso de las revelaciones del señor Edward Snowden.