Límites a la cuantificación

El otro día leyendo el blog de error 500, llegué a este artículo que recuerda que cuando trabajamos en un entorno gestionado mediante estadísticas y métricas, con objetivos y reglas programadas, este termina degenerando, la gente hace trampas y el sistema se pervierte.

Si, pongamos por caso, se mide el nivel de servicio de una agencia por el numero de expedientes tramitados, seguro que se tramitarán muchos, pero nada garantiza que se hayan gestionado bien y que no vengan de vuelta por errores de todo tipo. Es un ejemplo sencillo, las métricas se usan por doquier, con profusión en administraciones y organismos públicos como universidades, y no precisamente con el mejor de los resultados.

Un artículo lleno de refrescante sentido común, en particular ahora, con el auge de la gamificación y la cuantificación en las empresas, mecanismos que mejoran la motivación y que ayudan a hacer tangible lo que una organización valora, pero que se vuelven inútiles o dañinos sin una valoración cualitativa de lo que sucede.

Medir y publicar lo medido ayuda a que haya mas transparencia en el trabajo, y eso siempre es una buena noticia, pero al final, son personas las que deben valorar lo que sucede, porque son personas las que logran que los objetivos reales se cumplan, no los programas.

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