Ancha es la libertad

Aunque nos empeñemos en hacerla parecer así, la vida no es un parque temático donde podamos tener experiencias nuevas sin asumir riesgos, no es un lugar predecible y programado, y los caminos fruto de la experiencia de otros no valen de mucho, muchas veces engañan.

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Sin embargo educamos a los niños siguiendo unas etapas fijas y bien definidas, y se promete a los jóvenes que ciertos títulos son garantía de trabajos y oportunidades. Cuando abandonan la universidad la formación continua con uno o varios cursos de especialización. Haz esto y esto, que con poco o ningún riesgo lograrás o vivirás aquello.

Así es fácil que también acabemos creando nuestros propios parques temáticos, nos gusta anticiparnos a la vida, y predecir que para ir de A a B de forma cómoda y aceptable los pasos son el 1, el 2 y el 3. Pero la realidad, primero no es predecible, y segundo, para llegar a B hace falta pasión y riesgo, y probablemente alcanzaremos el objetivo por una carambola imprevista. Para conseguir lo que queremos debemos dejar de ser turistas de la vida preocupados por la comodidad y ser viajeros de verdad preocupados por la libertad.

La libertad se hace, es activa, y por eso cada cierto tiempo toca ser exploradores, meternos en proyectos personales o profesionales donde lo que se demanda no siempre casa con las habilidades o experiencias que puedes ofrecer. Es un terreno incómodo y difícil por momentos, una zona de riesgo lejos del territorio del experto en algo.

Me parece que en en pocas ocasiones podemos preparar el camino y eliminar los riesgos cuando nos metemos en algo nuevo de verdad. Al hacer algo así nos enfrentamos a una incertidumbre real que nos exige respuestas que no están preparadas y responsabilizarnos de “eso” que está surgiendo.

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