Mis datos en las nubes

A veces me sorprendo de hasta que punto nos hemos habituado a ceder nuestra información a otros incluso cuando no es necesario.

La razón por la que empecé a usar servicios como Google Reader o el panel de iGoogle era la misma por la que leía el correo electrónico por la web: poder acceder a esta info desde cualquier lado. Mi portátil no era precisamente móvil y con estos servicios, que todavía no sabían que estaban en un lugar llamado nube, podía trabajar de la misma manera desde cualquier sitio, usando un sencillo navegador y sin tener que instalar nada.

Hoy en día usamos todo tipo de servicios sin preguntarnos porqué tenemos que estar dando gratuitamente los datos acerca de nuestro trabajo, nuestros gustos, y nuestra actividad a empresas que en ocasiones solo piensan en explotarlos sin escrúpulos.

Seguro que no es el caso de esta empresa, pero da lo mismo: hace un par de semanas estaba pensando en cambiar mi aplicación de gestión de tareas en mi móvil, Gtasks, por Wunderlist (hay mucho bla, bla, bla sobre ella y quería probarla)… que rápido pasa uno de un servicio a otro… pero ¡vaya! ¿porqué lo hago si ahora las tareas ya viajan conmigo a todas partes en mi móvil? Para acceder a mi lista de tareas no necesito ningún servicio, la lista va conmigo a todas partes, ahora mi móvil es un portátil…

Pero no, hacemos uso del servicio, hacemos de beta-tester de la aplicación y nos tragamos todos los fallos de sincronización que sean necesarios :-). Hay servicios, como las redes sociales, para los que necesitamos de nube centralizada, pero es que ya no nos planteamos otra opción ni siquiera cuando existe.

Creo que la privacidad sigue siendo tan importante como siempre. Ser transparente y abierto no significa tener que perderla. Quizá deberíamos pensar donde nos estamos metiendo sobre todo cuando saltan noticias en plan Big Brother como en el caso de las revelaciones del señor Edward Snowden.